SENDA POSTCRISIS 2026

Columna semanal por el Profr. Oscar Loza Ochoa

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Como si el estar preparadas para afrontar

cualquier desgracia o infortunio

fuera la segunda naturaleza de esas mujeres.

Han Kang

Ya lo han dicho algunos colectivos de familiares: 2025 fue un año muy duro en desapariciones. Es una realidad que nos ha golpeado a todos, que por momentos vuelve muy difícil creer que podamos remontar este fenómeno en el mediano plazo. No sólo es ver cómo creció el problema el año anterior, hay que agregar la impunidad que acompaña a la práctica de la desaparición forzada. En ese año crucial sufrimos la ausencia forzada creciente de personas, sobre todo jóvenes (no pocos de ellos menores de edad), sin que pudiéramos observar una política del Estado mexicano encaminada a detener el nefasto oficio de la desaparición de ciudadanos. Y como toda cosa que no tiene antídoto, florece.

De esa manera se registró la desaparición en 2025 de 2 mil 171 personas en Sinaloa, de las cuales apenas el 31.8 por ciento fueron encontradas. Y de estas 692 personas localizadas 176 lo fueron en vida, en tanto 516 estaban muertas. La conclusión no resulta nada agradable cuando tenemos que reconocer que el resto, un 68.2 por ciento continúan en calidad de personas desaparecidas. Todo ello nos plantea sin ningún rodeo, ¿quiénes realizan algún trabajo que alivie esta desesperante situación? Está claro que los familiares, inmensamente mujeres, que bajo todos los riesgos a su integridad física y moral, realizan las búsquedas en todas las coordenadas cuya información indica que hay presuntas fosas clandestinas. Son el principal esfuerzo por corregir este mal del siglo XX y del XXI.

De parte de la autoridad hay instancias que han ido surgiendo en la medida en que lo exige un amplio sector de ciudadanos, que atienden las diferentes aristas relacionadas con el problema de la desaparición forzada. Existe la Fiscalía Especializada en la Desaparición Forzada de Personas, el Laboratorio de Genética Forense, un grupo de agentes de investigación especializados en el tema, perros especializados en la búsqueda de seres humanos, Comisión Estatal de Búsqueda, Comisión Estatal de Atención a Víctimas del Delito, el Instituto de Protección a Defensores de Derechos Humanos y Periodistas y, desde luego, tenemos una amplia legislación sobre la materia.

Pero todas las instancias, incluido el marco legal especializado, no cambia una realidad que tanto lastima la dignidad y la integridad de la sociedad: la desaparición forzada sigue su imparable curso, mientras un manto de impunidad protege a los responsables. Esto sucede en un entorno donde hay otros factores que apuntalan la crisis que ahora padecemos. Cada uno de esos elementos definen y le dan carácter a la situación difícil que desde el 9 de septiembre de 2024 se impone en todos los rincones de Sinaloa. Es cierto que para la solución del prolongado y mal momento que padecemos deben atenderse las principales expresiones de cada pilar de la crisis, sentando las bases para el día después de terminada esta pesadilla.

¿Avanzar en la solución del problema de la desaparición forzada ayudaría significativamente en la gestión de la crisis? Sin duda, pues no sólo es un problema añejo, es un fenómeno que ha sentado su reales a través de medio siglo en sectores cada vez más amplios, convirtiéndose en un asunto que golpea a toda la sociedad y que su dimensión convoca a todos a participar en su solución radical.

Los riesgos que afrontaremos de no encaminarnos de manera clara en la solución de la desaparición forzada de personas, es la profundización de este renglón y que se vuelva un serio obstáculo para resolver el problema general de la inseguridad. Lo aseguramos con toda la convicción que el caso exige, pues podemos atacar los frentes que implican homicidios y desplazamientos internos, pero esta triada de dolores sociales no solamente están muy emparentados y tienen una compleja red de vasos comunicantes, que no habrá pasos significativos en ninguno de ellos si no tomamos la adecuada andadura en cada uno, partiendo del espacio que le corresponde a la desaparición forzada.

¿Qué tareas debemos realizar? Darle oxígeno a la disposición oficial para que haya verdadera voluntad de resolver la práctica de la desaparición forzada. Sí contamos con esa disposición habremos dado el Santiago de una iniciativa de Estado que atienda la desaparición forzada como un delito de lesa humanidad que lastima profundamente la dignidad de todos y abrió una herida en el corazón de la República que no puede sanar porque cerremos los ojos al conjunto de historias desgarradoras que a diario tocan a las puertas de nuestra conciencia. Más allá de la voluntad oficial, hablemos de la imprescindible solidaridad que le debemos a los colectivos de familiares desaparecidos y del uso comprometido de lo que escuchemos y veamos, pues si los testimonios se quedan con nosotros, no hay esperanza de llegar al fin de esta tragedia nacional.

Con mucho dolor comparto la situación grave de salud que vive doña Francisca Ochoa Bazúa, mi madre. Con 96 años a cuestas tiene inmensas ganas de continuar de pie en este Valle de lágrimas y los ocho hijos que le sobrevivimos también lo deseamos con toda el alma. Ante este crítico momento bien vale la reflexión que nos obsequió Octavio Paz: Sí, somos mortales, somos hijos del tiempo y nadie se salva de la muerte… pero el amor es una de las respuestas que el hombre ha inventado para mirar de frente a la muerte. Que ese amor sea el consuelo que nos cobije y fortalezca en

 

 

 

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